viernes, 15 de mayo de 2009

“Top of the class” anatomía del cerebrito según la OCDE

La OCDE rastrea en el Informe PISA 2006 a los alumnos top en el área de ciencias

Reproduzco la nota aparecida en el periódico digital español “Magisnet”, que trata sobre un estudio sobre los alumnos destacados en las evaluaciones PISA

El club de los países más desarrollados quiso saber de dónde proceden, qué tipo de Educación reciben y dónde, cómo piensan, a qué aspiran en la vida los alumnos excelentes. El resultado, un extenso documento que disecciona el perfil de los chavales que (confía la OCDE) contribuirán decisivamente al progreso de la ciencia cuando alcancen la edad adulta.

Son la élite de los vectores y las probetas en las escuelas del mundo rico. Chicos y chicas de apenas 15 años que no sólo comprenden a la perfección los principales fundamentos del conocimiento científico, sino que se muestran capaces de buscar alternativas, extrapolar lo aprendido a situaciones antes desconocidas, encontrar una salida a laberintos nunca planteados en sus aulas.La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha rastreado el PISA de 2006 a la busca de ese 9% de evaluados que (como reza el título de un reciente informe) se sitúan Top of the Class, en lo más alto, lo mejor de la clase.

Aunque los autores insisten en que ningún rasgo del estudiante top (niveles 5 y 6 de rendimiento en una escala del 1 al 6) presupone condiciones sine qua non, lo cierto es que los mejores suelen ser chicos (cierto que sin excesivas diferencias respecto a sus compañeras, 10 y 8% respectivamente), provienen de familias con un alto nivel socioeconómico, nacieron en el país donde fueron examinados y en casa hablan el mismo idioma que se utiliza en su escuela. No es improbable que también destaquen en matemáticas o lectura; incluso en el 45% de los casos los top científicos también arrasan en los otros dos ámbitos de aprendizaje analizados por PISA.

El estudio también afirma, quizá con demasiada rotundidad, que los resultados medios de un país sólo guardan una “débil relación” respecto al porcentaje de alumnado que se encuentra en el olimpo de la excelencia. Una verdad a medias. Por una parte, es correcto afirmar que determinados países (por ejemplo Alemania o el Reino Unido) combinan altos porcentajes tanto de alumnos excelentes como de aquellos que penan en la mediocridad científica, mientras que otros estados poseen nutridas canteras de cerebritos sin que esto implique condenar al pozo de la ignorancia a extensos contingentes de alumnos. Pero también lo es que los países con una buena media tienden a presentar buenos porcentajes de excelencia. Veamos si no. A la cabeza de alumnos top: Finlandia, Nueva Zelanda, Japón, Australia, Canadá… Y por la cola: México, Turquía, Portugal, Grecia, Italia y… España, que con un 4,5% recorta a la mitad el promedio OCDE. Pública y privadaHay excepciones (a destacar Japón), pero la tónica habitual indica que los colegios privados fabrican más estudiantes que deslumbran si los comparamos con los públicos. Esto nos dicen los datos en bruto, porque, según los autores, el famoso tamiz de las condiciones socioeconómicas del alumnado equilibra las cosas, desvelando incluso una “pequeña ventaja significativa” a favor de la Pública.Sea pública o privada la escuela, Top of the Class canta las virtudes de un entorno escolar con individuos privilegiados desde una perspectiva socioeconómica a la hora de alcanzar la excelencia en ciencias (y por ende en otros ámbitos del aprendizaje): mayor disciplina y exigencia, mejores profesores y pique entre alumnos con elevadas aspiraciones en cuanto a su futuro laboral.Menos obvia se antoja la influencia de los métodos de enseñanza empleados por los profesores que imparten ciencia.

Los mejores alumnos respondieron que sus profesores suelen centrarse en explicar conceptos científicos básicos y en sus aplicaciones en situaciones reales que afectan a su vida cotidiana y al devenir de la sociedad. Los docentes también hicieron hincapié en cómo ciertos principios generales sirven para fundamentar fenómenos de diversa índole.Por el contrario, los estudiantes que obtuvieron peores resultados aseguraron que en sus sesiones lectivas abundan la interacción con otros alumnos, la realización de experimentos y los simulacros de investigación científica.La interpretación de dichos resultados, apunta el informe, supone un “desafío”.

La opción más plausible, continúa, es que los docentes prefieren el “enfoque tradicional” de conceptos y aplicaciones (más denso pero también más eficaz) a la hora de enfrentar una sesión lectiva con un público de buenos alumnos, mientras que procuran “atraer la atención” o reenganchar a los peores recurriendo a actividades más entretenidas.Top of the Class abunda en epígrafes que arrojan escasa luz a la hora de trazar estrategias que ayuden a incrementar el volumen de estudiantes que tocan el techo de la excelencia científica. El problema radica en que uno no sabe qué es causa y qué consecuencia.Por ejemplo, sabemos que los alumnos top leen más libros sobre cuestiones científicas, ven más programas de televisión y escuchan más emisiones de radio sobre estos temas, visitan con mayor frecuencia páginas web que hablan de anatomía o biología humana y frecuentan más que cualquier otro grupo de estudiantes clubs de ciencia. También sabemos que se lo pasan comparativamente mejor en las clases de Física o Química, o que se sienten más confiados en el aprendizaje científico. ¿Y bien? Siempre es bueno que la estadística refrende las hipótesis del sentido común… ¿Y en el futuro?La OCDE parece especialmente preocupada por la potencial fuga de cerebros (no a otros países, sino a otros ámbitos del conocimiento) entre los alumnos que destacan sobremanera en ciencia. La razón es que un 39% (23% España) de estudiantes top no se muestra interesado en dedicar su vida laboral a la ciencia. Más aún, el 44% (22,8% en nuestro país) no tiene previsto embarcarse en titulaciones científicas tras la Secundaria. En ambos casos, la tendencia es más acusada entre las chicas.Si bajamos un nivel en la escala de rendimiento y la pregunta se dirige a lo que PISA considera buenos (pero no excelentes) alumnos científicos (nivel 4 en la escala del 1 al 6), nos encontramos con que menos de la mitad tiene previsto contribuir al progreso científico de la sociedad cuando sea adulto.Entre otras razones, el informe atribuye esta escasa predilección por los empleos y estudios científicos a la escasa información disponible. Más del 40% de los top no saben dónde recurrir para obtener asesoramiento sobre el tema ni conocen los pasos que han de seguir en caso de que decidan optar por una carrera relacionada con las ciencias.Otro motivo de peso es simple y llanamente la ausencia de motivación. Por ello, los autores crean una nueva tipología de estudiante que definen como “excelentes alumnos relativamente desmotivados”, esto es, alumnos con puntuaciones nivel 5 o 6 que aseguran sentirse menos motivados por la ciencia que la media de los buenos alumnos.

El estudio llega a la conclusión de que las condiciones socioeconómicas o el sexo de estos alumnos no tienen nada que ver con su falta de interés. Por el contrario, sí resulta relevante que los chavales top relativamente desmotivados se lo pasen peor en clase, se involucren menos en actividades científicas extraescolares y afirmen recibir menos información sobre carreras científicas.

¿Qué hacer con estos alumnos? Buena pregunta, responderán los expertos de la OCDE a tenor del tono algo inocente con el que desglosan algunos consejos para que los países reanimen su potencial latente. Recomiendan, por ejemplo, mejorar las técnicas didácticas (sin decir cómo), crear premios de carácter científico, fomentar la lectura de ciencia ficción, diseñar videojuegos en los que la ciencia esté presente de una manera u otra, o programar dibujos animados estilo Érase una vez la vida. ¿Y si el problema es vocacional? ¿Y si los chavales son unos hachas en Química pero lo que les apasiona es la Filología Árabe? Son cuestiones que Top of the Class no contempla. Intereses de los alumnosSerá porque el agravio comparativo conduce al pasotismo, pero en el PISA 2006 los peores alumnos de los mejores países (Finlandia, Japón, Holanda, Corea del Sur…) suelen mostrar los niveles más bajos de interés en las distintas materias y otros aspectos que componen el universo científico. Existe una excepción a esta tendencia: España.

Los datos son de lo más desconcertantes.–FísicaSólo el 26,4% de los alumnos españoles con bajo rendimiento se sienten atraídos por las leyes que gobiernan el universo. Por debajo están países como Finlandia, Japón y Corea del Sur. El resto de países mediterráneos presentan porcentajes superiores al nuestro en al menos 13 puntos porcentuales.–Química¿Probetas y burbujeantes reacciones? Interesantes para el 22,2% de nuestros estudiantes más mediocres. Sólo ganamos a Corea del Sur (19,9%). Italia nos saca 14 puntos, Grecia más de 20 y Portugal se va más allá del 50%. –AstronomíaEstrellas y planetas llaman la atención del 27,1% de los chavales patrios con puntuaciones muy por debajo de la media. Encontramos porcentajes inferiores entre los alumnos coreanos e irlandeses. Todas las naciones de la Europa meridional se van más allá del 40%. –Diseño de experimentos

Conocer cómo esos hombres de bata blanca ingenian sus experimentos tira al 31,8% de alumnos nacionales no muy duchos en conocimiento científico. Somos los quintos por abajo, con menores índices de interés en Finlandia, Japón, Dinamarca y Holanda. –Explicaciones científicasUno de cada cinco alumnos españoles con bajos resultados desea activamente entender qué se necesita para llevar a cabo una demostración científica. Cuartos por la cola tras Finlandia, Japón y Corea. De los países bañados por aguas mediterráneas, el que más se nos acerca es Grecia, que nos supera en casi 20 puntos. Se buscan estudiantes todoterrenoGracias a su compulsión estadística, Top of the class también nos permite saber cuántos alumnos recorren los caminos de la excelencia en cada país con vehículos todoterreno, es decir, qué porcentaje de chavales refulge con brillantísimas puntuaciones en los tres campos analizados: ciencia, matemáticas y lectura.Malas, malísimas noticias para España. Si exceptuamos a México y Turquía (nimio consuelo), nuestro país aparece en lo más bajo del subsuelo clasificatorio con sólo un 0,8% de estudiantes top en todos los ámbitos sometidos a examen. Nos superan Portugal (1,5%) y Grecia (0,9%), esos tradicionales recursos antidepresivos de los que tiramos cuando, a la vista de los paupérrimos resultados que solemos obtener en las evaluaciones internacionales, nos da por pensar que siempre nos quedarán Lisboa y Atenas.No busquen culpables en ciencias o en matemáticas: tenemos notas muy por debajo de la media global entre las élites estudiantiles de la OCDE, pero hay países peor que nosotros. Es la lectura, con sólo un 1,8% de quinceañeros en lo más alto del podio, la que motiva tan vergonzante descalabro. Incluso Turquía (2,1%) nos supera; Portugal, con un 4,6% de estudiantes top en las artes de la palabra escrita, se antoja una utopía.Aún hay más. Si nos fijamos exclusivamente en todos los alumnos españoles cuyo denominador común es que obtuvieron niveles 5 y 6 de rendimiento en ciencia, y diseccionando este grupo obtenemos el porcentaje de los que también alcanzaron la gloria en matemáticas y lectura, concluimos que sólo lo hicieron un 15,6%. No hay datos para Turquía y México (quizá por contar con muestras top demasiado exiguas), así que aquí ni siquiera encontramos paliativos en estados con índices de desarrollo tan alejados de los que gozamos por estos lares. Somos los últimos: el siguiente es Grecia con un 25,9%


Autor Rodrigo Santodomingo


Fuente
http://www.magisnet.com/noticia.asp?ref=4992

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