sábado, 12 de octubre de 2013

Una visión acerca de las relaciones entre las evaluaciones educativas y los actores


¿Se sienten los docentes involucrados en las Evaluaciones de Calidad Educativa?  ¿Sienten estas evaluaciones como propias? ¿Piensan que son justas? Los tomadores de decisiones ¿Las usan para confrontar con los docentes?


Las evaluaciones de calidad son uno de los componentes de las políticas encaradas en la década del `90 que más críticas reciben entre los docentes y los directores. Sin duda, el modelo de implementación y construcción no ha logrado que los mismos se sientan incluidos en dicho proceso.

Este dato resulta interesante de ser analizado por el hecho de que tal como lo explica el artículo de Emilio Tenti, la visión crítica no se extiende a la política de evaluación como tal, sino al modo en que la misma fue implementada. Los docentes parecen acordar con la idea de evaluar, aunque tienen sus diferencias con el modo en que dichas evaluaciones se han implementado.

Por otro lado, manifiestan que la tarea de evaluar es de las que más dificultades les generan dentro del repertorio de las que implica su propio trabajo. En este sentido, parece interesante observar el hecho de que ellos mismos parecen requerir una reflexión más profunda de para qué evaluar y cómo hacerlo, y esa reflexión no debería estar divorciada de la que se formula alrededor de los operativos de evaluación en un sentido más general, como política global del sistema.

Al mismo tiempo, la propia exposición a la que la escuela se ha visto sometida por la comunicación masiva de los resultados, las sospechas que ha generado en la sociedad acerca de la capacidad de los docentes de garantizar aprendizajes significativos de sus alumnos, la puesta en duda de la idoneidad de los mismos para su tarea, pueden explicar la mirada crítica acerca de los dispositivos de evaluación de la calidad.

Sin duda, las evaluaciones son vividas como un elemento externo que, de algún modo, se interpone entre las autoridades y las escuelas. Deja a los docentes solos y rompe cierta visión de unidad del sistema. Como expresó Javier Bonilla: “Se nota un grado de exterioridad muy grande entre el aparato de evaluación y el de gestión habitual del sistema. La pregunta es cómo hacemos para que el dispositivo sea vivido como un dispositivo interno. Cómo hacemos para que el aparato de evaluación sea amigable para la cultura del sistema educativo”. La sola idea de dos aparatos a los que se debe volver “amigables” y hacerlos dialogar entre sí, implica una ruptura en la lógica de un sistema que se ha caracterizado por importantes grados de endogamia, como es el sistema educativo. Las evaluaciones aparecen como un dispositivo externo al propio sistema, que han adquirido el poder de validar o no sus acciones y efectos. La escuela parecía un ámbito invulnerable y ha quedado sometida a un procedimiento que no sólo la evalúa, sino que expone los resultados de dichas evaluaciones al conjunto de la sociedad.

El hecho de que la discusión previa de las evaluaciones acerca del sentido haya resultado tan débil, hace que tampoco hayan podido participar los docentes de la misma. La revisión que se realiza de las mismas, la discusión de sentido en la que se avance, debe incluirlos, debe contar con ellos en el análisis del “para qué” y del “cómo”. En caso contrario, resulta complejo construir una “amigabilidad” a posteriori. Lo cierto es que la posibilidad de lograr que el sistema viva a los dispositivos como propio, debe incluir la participación de la discusión del para qué, que sienta como propios los objetivos que se proponen.

El Jefe de la división educación del BID, Juan Carlos Navarro, señaló en el Seminario: “Los docentes sienten que entran en un juego en el que los dados están cargados contra ellos (...) Creen que es justo que sean evaluados, no están en contra de esto, por principio”. Tal como afirmamos anteriormente, se trata de comprender que la revisión de sentido en materia de políticas de evaluación, va a incluir tanto las cuestiones sustantivas como las metodológicas, y que la participación de los actores en las distintas instancias de ese proceso es fundamental. Por otro lado, es preciso que los tomadores de decisiones sean transparentes, en el sentido de que no se está construyendo un dispositivo para confrontar con los docentes, sino uno capaz de producir los insumos que permitan mejorar la calidad y la equidad, en los aprendizajes de los alumnos.


Extraído de:
Evaluar las evaluaciones
Gustavo Iaies
En: Evaluar las evaluaciones
Una mirada política acerca de las evaluaciones de Calidad Educativa
IIPE UNESCO
En la sección “Biblioteca” hay un link hacia el PDF completo

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