martes, 20 de agosto de 2013

Reacciones de la prensa ante las evaluaciones de Calidad Educativa

La prensa no es un mero “medio” entre los hechos y las personas, tiene capacidad de “crear realidades” al sostiene intereses de algunos sectores. Muchas veces utiliza las Evaluaciones de Calidad Educativa para denostar el sistema educativo, con la finalidad de provocar su desfinanciamiento (En este caso defiende los intereses de los que no quieren hacer su aporte, las clases dominantes), pero siempre se maneja con una lógica ¿Cuáles son los principios de esta lógica?



A comienzos del mes de julio del año 2003 se dieron a conocer, también en Chile, los resultados de la Prueba PISA (Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes) administrada a alumnos de 15 años de 43 países. En el caso de Chile, los titulares de prensa que informaban sobre dichos resultados fueron lapidarios:

• “Chile obtiene bajo resultado en educación”
• “Estudio internacional muestra graves fallas en comprensión de lectura de escolares chilenos”
• “Preocupa mala nota de Chile en educación”
• “El nuevo analfabetismo”
• “Remezón por mala nota de Chile en la prueba educacional PISA”
• “Descalabro en rendimiento escolar: soluciones al «hoyo negro» en educación chilena”.

Sin excepción, entonces, la noticia recibió el tratamiento de un hecho dramático, adverso, calamitoso, catastrófico. Lo interesante es que la catástrofe, así entendida, viene anunciándose, con previsible regularidad, cada año, ya bien a propósito de las mediciones nacionales de la calidad educacional o de los exámenes internacionales en que Chile ha participado. Se trata, por tanto, desde el punto de vista periodístico, de una rutina que, a esta altura, se encuentra bien establecida.

A su turno, la lectura catastrofista da paso a un escenario donde, habitualmente, la prensa destaca tres “hechos”. Primero, que a nivel mundial Chile se hallaría ubicado en el furgón de cola de la educación; segundo, que existiría una grave crisis en la educación chilena; tercero, que ésta afectaría particularmente a la educación pública.

Así titulado y definido el escenario educativo nacional, la prensa se encarga a continuación -en los días siguientes a la publicación de la noticia- de interpretar las causas del mal diagnosticado.

En primer lugar, la prensa aprovecha la propia publicación de la noticia para incluir elementos interpretativos, ya sea en el párrafo que sigue al título o en el cuerpo de aquélla. Un buen ejemplo de subtítulo interpretativo es éste: “Especialistas dicen que es la hora de revertir las políticas aplicadas hasta ahora, enfatizando el trabajo en la sala de clases”. Un ejemplo llamativo de desarrollo interpretativo de la noticia en su cuerpo es el siguiente: “Por lo menos las autoridades reconocen que la educación chilena, junto a otras de América Latina, está en pésimas condiciones de competencia académica, lo que se ratifica con la prueba PISA. Para Chile, la situación es más patética debido a la triplicación de los recursos a partir de 1990, lo que hoy implica más del 7% del PIB para este sector social, en el cual el Estado coloca dos billones de pesos. Pero hay nulo avance en calidad en 12 años de esfuerzo gubernamental y 8 de reforma educacional”.

En segundo lugar, la prensa editorializa sobre los resultados y ofrece, por esta vía, su propio análisis de la situación. Por ejemplo, bajo el encabezamiento “Educación de nivel latinoamericano”, un diario de la capital señala: “La situación de nuestra economía y la solidez de la democracia chilena nos han llevado muchas veces a mirar con distancia a América Latina. Y aunque hay razones para sentir orgullo, éste, a veces, raya en la soberbia. El estudio PISA, reciente mente divulgado, nos devuelve bruscamente a la realidad. Él evalúa las habilidades lectoras de los estudiantes de 15 años en 43 países, cinco de ellos latinoamericanos. Chile tiene un logro que equivale a 410 puntos, esto es, 90 por debajo del promedio general del informe. Su rendimiento general, estadísticamente, no difiere del que alcanzan México, Argentina y Brasil; estos cuatro países superan a Perú, el quinto latinoamericano, que, a su vez, obtiene el rendimiento más deficiente de todos los países participantes”.

En tercer lugar, la prensa entrevista a expertos cuyas opiniones deben interpretar los negativos resultados. Regularmente, el Ministro de Educación es entrevistado para que reaccione frente a la noticia. Inevitablemente, su respuesta adopta la forma de una “reacción defensiva”, como cuando frente a los resultados del PISA la autoridad chilena expresa: “Entre los países desarrollados nos sacamos un 3; entre los países latinoamericanos, un 6”. Por su lado, los expertos tienden, ya a confirmar la construcción negativa de la noticia ofrecida por la prensa o, por el contrario, la suavizan y explican. En el primer caso, por ejemplo, se halla la experta que tras señalar “que en Chile la calidad de la educación no ha obtenido los resultados esperados”, luego agrega “que es posible concluir que medidas como la jornada escolar completa obligatoria, cambios curriculares, mejoramiento de las condiciones de los profesores y otros programas centralizados que han llevado a un gasto de más de 2 billones de pesos no están teniendo los resultados que se esperaban”. En el otro caso se halla el experto cuya opinión es que “falta poco para revertir los resultados de la prueba PISA”, argumentando que “la experiencia en 66 escuelas críticas en 2001 demostró que, cuando se aplican métodos adecuados de enseñanza, los resultados cambian rápidamente”.

En suma, el tratamiento periodístico de los resultados de las pruebas de logro escolar apenas alcanza a revelar que nos encontramos frente a un ámbito saturado de interpretaciones contradictorias, donde se enfrentan dialécticamente distintas visiones de la educación, de las políticas educacionales y de sus resultados. Tampoco dicho tratamiento se preocupa de transparentar que, en las interpretaciones ofrecidas, se conjugan elementos de realidad, preferencias ideológicas y las agendas de los diversos actores que acceden, por medio de la prensa, a la esfera pública. En fin, un ingenuo pacto implícito de objetivismo hace aparecer como que en realidad las cosas son como se presentan en la noticia o en las interpretaciones congregadas en torno a ésta.
La situación no es distinta en otras latitudes del mundo, con excepción de aquellos pocos países cuyos resultados en las pruebas internacionales son excepcionalmente altos y, por ende, aparecen habitualmente en los primeros lugares del ranking mundial.

Quizá de modo inevitable, entonces, la prensa, impulsada por su propia visión de mundo como sucesión de acontecimientos o eventos noticiables y su lógica adversaria, se vea llevada a producir un tratamiento simplista y sesgado de hechos complejos como son los resultados de las pruebas que miden el desempeño de los sistemas educacionales.

¿Cuáles son las reglas que determinan dicho tratamiento? Sin pretender un grado de exhaustividad, pueden señalarse al menos las siguientes tres reglas que, en conjunto, parecen explicar una alta proporción de los efectos anteriormente descritos.

1. La regla de la reducción llamativa. Todo acontecimiento complejo debe ser reducido a su mínima expresión y convertido en un signo de exclamación que capte el interés del lector. En el caso que nos preocupa, como han señalado Ferrer y Arregui: “sólo importa la posición relativa de logro en el escenario internacional y no la abundante información sobre factores sociales, escolares y personales asociados al rendimiento […] La prensa, particularmente, tiende a desconocer los aspectos más complejos y auténticamente informativos de los resultados y sólo destaca las posiciones en el ranking, a menudo con títulos dramáticos y escandalosos”. No sólo los titulares de la noticia, sino su tratamiento completo, se subordinan a esta regla. Conforme a ella, el valor comunicacional de la noticia debe encontrarse en los síntomas del hecho reportado; no en sus causas, declaradas siempre “demasiado intrincadas” como para ser incluidas o como para despertar el interés del público.

2. La regla de la descontextualización facilitadora. Cualquier hecho social, para que se lo pueda tratar como noticia, debe ser arrancado de la enmarañada red dentro del cual se produce. Luego, no sólo se reducen los resultados a meras posiciones de ranking sino que, simultáneamente, se los aísla, cortándolos de los factores de contexto que los generan y que, por lo mismo, deben ser parte de su explicación. En efecto, para partir por lo más simple, no da lo mismo comparar países con distinto nivel de desarrollo; digamos, Finlandia, con un ingreso per capita de 24 mil dólares, y Chile, con uno de 4,6 mil dólares. Para la educación este es un antecedente fundamental. Así, por ejemplo, un 60% de la variación de los puntajes promedio obtenidos por los países participantes en PISA se puede predecir a partir de su ingreso por habitante. Asimismo, debe considerarse el grado de desigualdad existente en cada una de las sociedades. Las diferencias socio-familiares entre hogares son, efectivamente, el mayor obstáculo para una educación con resultados homogéneos de calidad. Como señala el propio informe PISA, un entorno socio-familiar desfavorable “parece ser uno de los factores más poderosos que influyen en el desempeño de las escalas de aptitudes para la lectura, matemática y ciencias”. Los niveles de desigualdad medidos por el Coeficiente de Gini explican un 26% de la variación en el desempeño promedio de los países. En seguida debe considerarse el gasto por alumno en que incurren los países, que es un reflejo de su nivel de desarrollo. Efectivamente, el gasto educacional acumulado hasta los 15 años explica un 54% de la variación entre países medida en su desempeño medio. En América Latina, el gasto así medido apenas alcanza a un tercio o menos del gasto promedio de los países de la OECD.

3. La regla de la homogeneidad cultural. Los resultados de una actividad social cualquiera serían independientes de la cultura en que se producen. En otras palabras: ¡la cultura no importa! En este caso específico, como bien señalan Ferrer y Arregui en el artículo antes citado, la prensa -al efectuar sus análisis e interpretaciones-, no considera “las grandes diferencias culturales entre los alumnos de diferentes países”; ni al interior de una misma sociedad, según estratos socioculturales (que un reciente estudio afirma explicarían alrededor de un 50% de la varianza en los resultados escolares que se manifiesta entre escuelas en Chile), ni entre sociedades con diferentes tradiciones y constelaciones culturales, como pueden ser las culturas de los países del sudeste asiático, de los países nórdico-europeos o de Europa Central y del Este. Contrariamente pues a todo lo que sostienen las ciencias sociales contemporáneas -esto es, de que la cultura sí importa-, paradojalmente en el ámbito de la educación y el aprendizaje, donde más se podría esperar que ella incida, su influencia es borrada de un plumazo, para dar paso a una suerte de universalidad global y abstracta de los efectos y los procesos escolares.

Bajo estas reglas, no debiera llamar la atención que la prensa produzca el tipo de noticias e interpretaciones sobre resultados escolares caracterizado al inicio de esta presentación, sobre todo en el caso de pruebas internacionales. Tales noticias e interpretaciones tenderán por necesidad a ser descontextualizadas, a reducir por tanto el peso de la sociedad y sus desigualdades; a apuntar sólo a los síntomas, reduciendo la complejidad del logro escolar a una tabla de ganadores y perdedores, en una aritmética social de escaso valor; y a presentar la carrera de rendimientos entre los alumnos del mundo (aunque nunca el universo real de comparación incluya a más de un 20% de los países y territorios del mundo) como si dicha competencia se llevara a cabo sobre una tabla rasa, donde todos compiten en igualdad de condiciones y sin que intervengan factores socioeconómicos y culturales de ninguna especie.



Extraído de:
Límites de la lectura periodística de resultados educacionales
José Joaquín Brunner
En: Evaluar las evaluaciones
Una mirada política acerca de las evaluaciones de Calidad Educativa
IIPE UNESCO

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