martes, 26 de julio de 2016

HISTORIA DE LA OBSESIÓN POR ESTÁNDARES.

 ¿Por qué está olvidando la escuela que ser felices, saludables, sociables, compasivos, reflexivos, creativos y buenas personas son ingredientes vitales para la buena formación de los alumnos? ¿Por qué ha sido desplazado por una obsesión por los  estándares y los puntajes en las pruebas?


Parece ser que el lanzamiento del Sputnik por los rusos en 1957 y su simbolismo en la carrera espacial ante los EE.UU. fue el punto de pivote. Los políticos norteamericanos lo interpretaron  como un fracaso del sistema escolar norteamericano. El congreso promulgó en 1958 el Acta Educacional de Defensa Nacional para promover el mejoramiento de los logros académicos escolares que derivaron en el programa de la nueva matemática en 1960 y el énfasis en los STEM (science, technology, engineering, mathematics).

En 1983 Reagan adopta la proclama de científicos, educadores y decisores “A Nation at Risk” empujando esa obsesión que relanza Clinton en 1994 con el programa “Goals 2000 = Educate America Act” para lograr altos niveles de competencia en matemáticas, literacidad y ciencias para el año 2000 expresados en estándares nacionales. Toma la posta George Bush impulsando el plan “No Child Left Behind” con severos controles e incentivos para resultados en pruebas. Ese programa vino acompañado de paquetes completos de pruebas estandarizadas con desempeños estrechamente medidos en matemáticas y lectura. Los alumnos eran  entrenados diariamente para dar respuestas al tipo de preguntas cortas y concretas que emanaban de esas pruebas desde 3er grado hasta el final de la secundaria.

Los sucesivos programas ha sido un colosal y costoso fracaso. La administración Obama orientó sus propuestas de reforma hacia el “Common Core” de lo que todo alumno debe lograr para estar bien educado. Los desempeños a lograr se convirtieron en los referentes de los tests y la acción docente de preparación para ellos en las aulas. Más de lo mismo.

Sin embargo, la industria de tests prosperó, así como la de los juegos, software, aplicaciones educativas y canales de televisión educativos. El mercado llenó el vacío creado por las frustraciones generadas por las políticas educativas. Lo irónico del tema es que la presión de la industria de los tests en lugar de dar mejores opciones para el futuro lo que ha hecho es  erosionarlas.

Ciudad bonita es ciudad limpia. Hacen falta, es verdad, más depósitos de basura.



Por: Leon Trahtemberg
Fuente: http://eltiempo.pe/?p=134361

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